viernes, 12 de diciembre de 2008

César Paternosto


Había sido un coleccionista inocente. Siempre he amado el arte y compraba cuadros, esculturas, fotografías y libros de artistas. Admito que mi diligencia no ha sido rigurosa y que mis compras era por la pasión de la imagen misma. No reparaba en conocer la tendencia artística del pintor o si se enmarcaba en alguna escuela o estaba en la vanguardia del arte. Me bastaba con entrar en una galería, y si mi ojo acertaba hacia una obra en particular, me servía con pararme frente a ella y dejaba que mis emociones fluyeran sin frontera alguna. Podía quedarme frente a la obra horas hasta decidir si mi sangre sentía la ebullición de la no separación.

Mi colección es ecléctica y gira entorno a obras que no distan muy lejos del agrado de mis huéspedes. Son netamente figurativas y aparentemente ligeramente fáciles de comprender. Para la mejor comprensión me bastaría con nombrar a algunos de las obras que cuelgan en mis paredes: Armando Morales, Trino Sánchez, Juan Cárdenas, Héctor Poleo y Alirio Palacios y esculturas de Abigail Varela entre otras . Al paso del tiempo y mientras ejecutaba mis propias fotografías iba cambiando mi manera de ver el arte. De mi interés en imágenes que se reproducían bien en platino fui alejándome de tal forma de ver el mundo. El color fue mi revelación e iba sustituyendo progresivamente el satinado del blanco y negro por imágenes de tenues coloridos y de profundos espontáneos colores.

Progresivamente iba descubriendo artistas como Lucinda Devlin, Francisco Hung, José Manuel Ballester, Sarah Grilo y Edgard Burtynsky, que con sus imágenes tan dispares de unos de otros, me abrían una visión diferente al mundo que tenía delante de mis ojos. Pero no fue sino hasta que descubrí la obra minimalista de César Paternosto que aprendí una manera de concebir imágenes en mi fotografía. El trabajo de Paternosto que se inspira en el arte precolombino traído a la vanguardia del minimalismo, es una obra de excelencia y de sublime creatividad, que solo puede ser concebida con nociones precisas de la historia y del sentimiento profundo y sensible de estar cerca de esa frontera de lo imaginado y de lo real.

Me fue imposible no caer en la tentación y adquirí una obra de este gran maestro del pincel, que hizo que mi modesta colección de pinturas se inquietaran (no así me colección fotográfica) por la irreverencia de una obra tan disímil a las de mi colección. Opté por concebir y remodelar un área de mi casa para colgar en soledad tan vasto cuadro. Conjugué su minimalismo con el arte precolombino, tal y cómo Paternosto seguramente lo había visualizado, mientras dirigía su pincel y espátula en crear tan hermosamente simples y complejas líneas, que se encuadran aparentemente más allá del lienzo, creando una tercera dimensión que nos deja ver un poco más de lo que nos sugiere, dejándonos la poesía de la imaginación.

2 Comments:

Anonymous leoygano said...

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15/12/08 12:23  
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7/1/09 02:45  

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