jueves 25 de junio de 2009
miércoles 24 de junio de 2009
Por la I-95
On the I-95Esta semana comenzaré a colgar una serie de fotografías donde la relación de estas imágenes residen en que fueron tomadas en las vecindades de la inmemorable autopista I-95. Autovía que recorrí en su integridad, ida y vuelta, desde lo más al sur en el Estado de la Florida, hasta su fin en Maine. Allí me encontré en un país sumergido en arenas movedizas y con una población que aparentemente empezaban a comprender que el país no andaba por buenos destinos y, que era necesario, recobrar con urgencia el sendero del progreso y de la ética. Todo comenzó en la madrugada del otoño 2008 con la inesperada histórica elección de un brillante político para la presidencia de la república, un mulato, que representa el color del nuevo país y el reto de una convulsionada sociedad, dispuesta a disolver el agobiante presente que los llevaba por la deriva del látigo de la religión y de la opresión del nacionalismo. Es una nación que se encuentra en la postrimería de la inflexión de su cultura política y económica y de su estructura social. El futuro de este país yace entonces en saber aceptar con serenidad estos inexorables cambios que vienen y comprender que el mundo les sobrepasa con creces a sus propios intereses egoístas. Es mi interés poder plasmar en fotografías este periodo.
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domingo 14 de junio de 2009
Saqueo y esperanza
Plunder and Hope
Salí hace ya dos semanas de Europa y llegué a Miami saliendo casi de inmediato a Boston rumbo al Estado más al Norte de Estados Unidos continental: Maine. Fui allí con un solo propósito: estar presente en la ceremonia del grado universitario de mi hijo. Fue un interesante encuentro académico pues tuve el grato presente de conversar con el consejero académico de mi hijo. No fue lo que nos dijimos sino lo que no nos dijimos. Entendimos a la perfección que el mundo que nuestros hijos reciben es dilatadamente un enjambre de despropósitos. Y uno que requiere de cambios fundamentales del pensamiento, pues el mundo debe deslastrase de una sociedad infantil que se deleita en la felicidad individual sobre la colectiva, y donde dicho goce yace en la acumulación desmedida de la riqueza material. No menos aún es una promoción que deberá enfrentar el proceso de cambio de la ya agotada dogmática sociedad capitalista.
Tenía esperanzas que esta crisis financiera mediatizada con el nombre de crisis económica fuese lo que iba finalmente a hacer sucumbir lo pilares que sustentan el sistema político y económico por el inexorable peso de la endémica corrupción de las elites. Tristemente reporto que la misma corrupta elite que ha llevado al mundo por el tobogán de la inmundicia se ha vuelto perniciosamente a enquistar en su poder engañando a la humanidad con cambios que no han sido sino complejas permutaciones estéticas para mantener el mismo orden económico y político de siempre. Esta nueva generación de jóvenes que se bautiza en su ingreso al campo de trabajo sin trabajo será en la que pongamos nuestras esperanzas para se realicen los imperativos cambios políticos y económicos que requiere el Siglo XXI.
Mi incertidumbre se inquieta para cuando esta generación haya desplazado a la generación vigente no nos encontremos sumidos aún en una peor crisis que la actual. Los cambios supuestamente introducidos al sistema financiero y político, no han sido sino cambios cosméticos, que irrefutablemente nos llevará para dentro de pocos años a la quiebra general del sistema, no muy distintamente a la actualidad. Pero será aún más explosiva, quizá desencadenando fuerzas ocultas, que derrumbe definitivamente a una sociedad apartada de la ética y de la conciencia social.
Sentado durante el acto de graduación recordé (a pesar de la bellísima figura de uno de los oradores de orden, Geena Davis, inquietaba mi vista) que mientras volaba sobre las isla de la Azores a Miami leía con interés las viñetas del diario El País, y una de ellas, la del irreverente Roto, describía con singularidad el ambiente actual al que están sumidos los países del primer mundo. (No debemos olvidar que esta crisis de valores es esencialmente del primer mundo.) Rato dibujaba un paisaje de imponentes rascacielos y, de allí una anónima voz salía de una sus torres, que estaban predestinadas a derrumbarse, por causa del delirio de la avaricia, diciendo: “¡La operación ha sido un éxito. Hemos conseguido que parezca crisis lo que ha sido un saqueo!”
Ahora la generación que fenece se encuentra ante la encrucijada de depositar injustamente ante la nueva generación sus esperanzas de su infortunio y su incapacidad de solventar el vacío moral que embriaga a la sociedad para que efectúe el cambio que derrumbe definitivamente los cimientos de una inmoral y dogmática elite cimentada en la cultura del egoísmo y la corrupción y el engaño.
Lo contrario sería la tortura de vivir en un agobiante mundo de los Cheney, de los Bush, de los Rumsfeld, de los Paulson, de los Greenspan, de los Rubin, de los Yoo, de los Aznar, de los González, de los Ólmert, de los Netanyahu, de los Rice, de los Wolfowitz, de los Blair, de los Abdulá, de los al-Assad. ¡Menuda herencia!
Etiquetas: americanismo estadounidense
domingo 24 de mayo de 2009
viernes 22 de mayo de 2009
martes 19 de mayo de 2009
Adiós Poeta
Good- Bye Poet
Aquel día y aquella noche no fue un simple día o una simple noche de domingo. Había sido un presagio. El día me había durado entre los placidos conciertos de Las cuatro estaciones* y las tristes vidas de Paraíso Travel** y las mentiras de Ángeles y Demonios***. El encanto del concierto de la primavera sonaba con tersura todavía en mi memoria, pues aún no había llegado el verano, tiempo de llegada del Poeta en la tierra de Cervantes. El difícil exilio del emigrante, que viaja con el temor del despojo y con el inagotable sueño de la esperanza, por sendas tenebrosas que aniquilan el porvenir de muchos, pero que para el Poeta fue el agua de su vida y fuente de inspiración. La gloriosa silla de Pedro el pescador, por cual se lucha con la violencia del artificio y la codicia terrenal, había hecho que el Poeta se decepcionara de su iglesia y perdiera la ilusión que da la calma interior de creer en Dios.
Fue un domingo en la tarde en su ciudad natal y un domingo en la noche en su ciudad del exilio cuando llegó la inevitable noticia. El porvenir de su pasado le había llegado. Estuvo siempre a la vigilia de este eterno pasajero quien lo esperaba desde siempre. Ahora su verano madrileño no le llegaría esta vez y nunca más. Nos quedaremos con el porvenir de sus poemas y con su ausencia presente. Se retira de este mundo cuando sus agrias y certeras críticas del Esperpento del Norte se nos había hecho realidad. ¿Quién nos queda ahora para recordarnos de las injusticias de los buitres de la globalización? ¿Quién nos recordará el espanto del Imperio?
Me llegó la noticia de su muerte el domingo pasado, día en que los cristianos alaban al Dios del Poeta ateo, mientras sutilmente escuchaba el soneto en tempo largo en Mi Mayor de La primavera de Vivaldi. Las delicadas cuerdas me evocaban imágenes delicadas del florecimiento de un prado esparcido por flores del Poeta y sus poemas de violines y amores que me enseñó aguardar el corazón. Nos dejó con sus andamios y su vivir adrede y su buzón del tiempo, pero también con el amor, las mujeres y la vida. Nos desamparamos ahora con la ausencia física de un hombre sincero y seremos más triste por ello. Viviremos en sus poemas. Adiós Benedetti: y nos alegra saber que lograste lo imposible: domar tu desexilio.
Nota: * Conciertos de Vivaldi; ** film de Simon Brand; *** filme de Ron Howard
lunes 18 de mayo de 2009
miércoles 13 de mayo de 2009
miércoles 6 de mayo de 2009
Adiós París
Good-Bye Paris
La memoria es recordar aquello ya visto o leído o escuchado. Tenemos memoria también de los olfatos, de los sentimientos y de los sueños. ¿Pero es esa memoria real? ¿Recordamos con exactitud nuestra memoria? ¿Es todo recuerdo una ficción? ¿Hasta dónde podemos recordar sin plasmar nuestros deseos en estos recuerdos?
Estas vicisitudes nihilistas son inquietudes que todos de una manera u otra nos planteamos a diario sin percibir las consecuencias de ello en nuestro devenir diario. En mi caso evoco tales reflexiones al dejar una vida, una década, un mundo foráneo a mis raíces. Desde una nueva lengua que debía aprender (y que aprendí), hasta adentrarme en el mundo de la cotidianidad, de ir de tiendas, comprar el pan recién salido del horno, tomar el café con la prensa del día, mientras mi mirada también se deslizaba en el ir y venir de la gente por las aceras sucias de colillas de cigarrillos y de la fetidez de la caca de los perros parisinos y del olor alcohólico de los beodos que yacen sobre sus aceras.
Mis imágenes de visitar librerías y galerías y de revisar con minuciosidad los anticuarios y mi recuerdos olfativos de estantes repletos de recompuestos objetos viejos con alma de antigüedad, los iba recuperando mientras andaba por las calles de un París que no llegó a ser nunca mío. Fatigaba los brocales con imperiosidad y sin fatiga. Veía todo cómo si fuese la última vez que estas imágenes serían mías. Capturaba la hermosura silueta elegante de la mujer francesa y su exquisito olor a jazmín.
Me paseé por plazas que había frecuentado con esmero, porque allí estaban cerca de mi entorno. Una de ellas, y cuya plaza me dejó intrigado, debido al porqué de sus extrañas estatuas de hombres sin relevancia alguna suficiente para ocupar tan importante espacio parisino, Place des États-Unis. Otras, Place du Venezuela, con su derruida y anteriormente hermosa obra de Cruz-Diez, o la Square Lamarthine, con su fuente de agua que abastece a los vecinos de agua natural en pleno corazón de París. Y no muy lejos de allí, a cincuenta metros, una escultura de Rodin que conmemora a Victor Hugo; y que una pequeña calle que llevaba su nombre fue mi primera dirección en París. Rememoro también que en los otoños invernales los árboles con sus rojizas hojas amortiguaba entrañablemente el recorrer del paso de mis pequeños hijos que extrañaban en sus recuerdos el país que les había obligado a dejar.
No menos es recordar mis encuentros furtivos de mis sueños de amor en la pirámide invertida de Pei, mientras suspiraba con el recuerdo del frágil y blanquísimo cuerpo que abracé y del dulce sabor de hierba carmín de los carnosos y finos labios que besé bajo la atenta mirada de los ojos de La Scapigliata de Leonardo, que había despertado el amor truncado por el tiempo.
Fue en Francia donde murió el genio. Fue en Francia donde dejó La Gioconda. Fue en Francia donde me encontré a mí mismo y recobré la pasión de amar. Las letras me fluían con desespero y la lente de mi cámara atrapaba imágenes nuevas. Mi biblioteca aumentaba con rapidez y mi temor a una biblioteca de Babel felizmente no se cumplió. Masajeaba con sutileza los tomos que engrandecían mi memoria. La Radio classique y sus programas de tertulia me aportaban las sutilezas de la Francia culta verbal.
Esto ha sido París y ahora me despido de ella. Volveré espontáneamente y seré un turista más. Dejaré atrás la parsimonia de mis pasos. Las aceras de esta ciudad serán una trotadora que me comerán mis pies. Apenas habrá tiempo para asistir al teatro, al cine, a la Biblioteca Mitterrand con sus tiendas para cinéfilos, para tomar el té en Mariage Frères, para hojear libros en Galignani, o pasar la tarde en el Café Victor Hugo y escuchar el espiritual tañido de las campanas de los monjes monásticos de Belén, o divagar en la historia mientras me tomo un champán acompañado de foie gras en Scossa, lugar que frecuentaban los nazis durante la ocupación de París (con esto quería sentir, para jamás olvidar, la barbarie humana), o desde la terraza del Hotel Raphael divisar el edificio donde se firmó el Tratado de Paz de Vietnam. O visitar el Instituto del Mundo Árabe y el singular Museo Dapper con su indómito café. Espero en mis regresos tener también el tiempo para desayunar delicadamente cruasán y mantequilla de leche cruda con mermelada de albaricoque y café con leche con espuma y un zumo de naranja natural sin faltar el camembert-fermier.
Me despedí entonces de París y me llevé conmigo una serie de libros y que ahora estoy en plena lectura. Los dos últimos de ese complejo racimo de cultura se titulan: Les Secrets du Vatican de Bernard Lecomte y Le monde d’après, Une crise sans précédent de Matthieu Pigasse y Pilles Finchelstein. Estos temas son ejemplos de las inquietudes intelectuales de los franceses. Y esto es algo que me llevo conmigo y que cambió mi forma de valorar el mundo y el tiempo luego de vivir 10 años diciéndole siempre adiós París.
Y ahora, hoy mismo -a las 10:30 horas-, mientras me despedía mentalmente de París, me apresto a vivir y a acariciar los sentimientos de ser español: de ser europeo. Y por ello seré también parisino. Pero antes debo olvidar para poder recordar.
martes 14 de abril de 2009
sábado 4 de abril de 2009
jueves 2 de abril de 2009
martes 31 de marzo de 2009
jueves 19 de marzo de 2009
La oligarquía y la crisis financiera
"The (oligarchic) Rulers, who are in power because they have amassed so much wealth, do not want to prohibit by law the extravagance of the young, and stop them from wasting their money and ruining themselves. Their intention is to make loans to such imprudent people or by buying up their property to hope to increase their own wealth and influence...The moneymakers continue to inject the toxic sting of their loans wherever they can, and to ask for high rate of interest, with the result that the city becomes full of lazy drones and paupers." Sócrates (470 a.C. - 399 a.C.)
Etiquetas: Crisis
viernes 13 de marzo de 2009
Octubre de 2008: finalmente el comienzo del Siglo XXI
October 2008: The Beginning of the 21st Century
Finalmente y luego de más de mil y tantos kilómetros estaba por llegar a la tumba de quien por años había sido (y lo sigue siendo) mi eterno compañero de letras. A quien leo durante mis descansos matinales y a quien leo para disipar el oscurantismo de la mala escritura. Quien con su erudición me permite leer en verso y en prosa. Quien con sus escritos metafísicos aborda el tema de la eternidad y del yo. Quien con sus ensayos sobre el tiempo y la realidad como ficción o realidad se desborda de sus letras.
Era un hombre nacido en un siglo anterior a su tiempo y que denegaba de su fecha de nacimiento para situarla en el siglo que comenzaba. A pesar que sus lecturas eran de hombres del siglo de su nacimiento no por ello le impendía ser un hombre del nuevo siglo. Leía con especial interés los clásicos de la literatura. Conocía a la perfección la filosofía platónica y de Schopenhauer, de Bertrand Russel y de la Enéadas de Plotino, leía a escritores profundamente desconocidos en el tiempo como Lucilio Vanini o esotéricos como Thomas Browne, y relataba de memoria Las mil y una noches. Goethe, Nietzsche, San agustín, Chesteron, Shaw, Stevenson y Groussac eran alguno de los autores que fatigaban su mente en horas nocturnas y matinales. Era un hombre inconvencional y profundamente tímido en sus relaciones con mujeres y fue quizás el mejor y más lúcido escritor del siglo XX que dominaba singularmente con sutil perfección la metáfora.
Es terriblemente difícil de ser un hombre del siglo cuando la referencia es el siglo pasado. Haber nacido en 1899 y formarse intelectualmente con escritores del siglo pasado es desventajoso para gestionarse en el presente. Esto lo sabía Jorge Luis Borges y por ello supo que conocer a plenitud los autores clásicos y del pasado y relacionarse con el presente íntimamente era imperiosamente necesario para enfrentar infatigablemente el nuevo siglo XX. Me pregunto cuándo supo Borges que el Siglo XX había llegado dejando atrás el siglo anterior. Su estadía en Suiza en 1914 en plena guerra debería haberle anunciado que el Siglo XX había llegado y que los gestores de esta guerra estaban anclados en el pasado siglo. Había tomado 14 años para que el nuevo siglo entrara triunfal y trágicamente en el mundo de todos. Con la mortuoria guerra de inocentes guerreros que pensaban que sería una guerra de corta duración era símbolo de una gente perdida en el nuevo tiempo. Desconocían con certeza el significado de un nuevo siglo. Seguían arrodillados en un tiempo pasado. Algunos como Karl Kraus entendía el presente al escribir: “La nueva guerra no es solo una entre Estados, sino ante todo entre el poder nuevo y el viejo.” Es decir, el presente era caduco, y daba paso a una nueva realidad.
Casi cien años después llegamos nuevamente a la misma disyuntiva. El sendero que la humanidad había dejado atrás nos regresa con virulencia. El siglo XXI que creíamos había comenzado en el 2000 fue una ilusión. El siglo comenzó este pasado octubre de 2008 al descubrirse ante todos la inmundicia y la avaricia ladronesca de banqueros y gestores de bolsa compaginados entre sí con el estamento político y militar de la mayor potencia del mundo, para saquear al mundo. Amanecimos en octubre todavía con una guerra criminal de secuestros y de torturas y con los derechos humanos saboteados y con un Oriente Medio en llamas por la codicia de un mordaz imperio. Y las esperanzas de un nuevo líder que enrumbe al mundo por el transito de la honradez de pensamiento parece esfumarse con el paso de los días. El sistema financiero y político está fracturado y nada parece levantar al enfermo. La pocilga de los neoconservadores insisten con su poder fáctico en colocar barreras para el cambio en el exigente nuevo siglo. Estos muertos en vida insisten en una solución del Siglo XX cuando se requiere una solución del Siglo XXI. Están dispuesto a hacer cenizas el mismo sistema que defienden dogmáticamente e impiden que florezca un esperado nuevo mundo equitativo y amable. Borges lo sabía. Por eso insistió en morir y descansar el eterno sueño en una nación donde la prudencia y la honorabilidad del calvinismo y la adecuación moral a los nuevos tiempos es pauta del diario vivir.
Finalmente entonces irrumpió vertiginosamente y sin detenerse ante nosotros el Siglo XXI. El siglo que equivocadamente habíamos pensado había comenzado hace ya ocho años. Nuestra ceguera a obviar lo obvio y nuestro conservadurismo de evitar cambios que afecten nuestro sentimientos de complacencia nos impedía observar el derrumbe de nuestra sociedad. Sus actuales gestores están anclados en el siglo pasado con soluciones que niegan la esencia misma de la crisis: el resquebrajamiento de la moral y de la ética. El Siglo XX comenzó con la Primera Guerra Mundial y ese pasado siglo conoció la alegría de los años veinte y la revolución de los pobres y la ruina de los años treinta y un genocidio europeo durante la Segunda Guerra Mundial, así como el genocidio de europeos a africanos y de africanos a africanos. La nueva tecnología informática y atómica revolucionó los grandes cambios tecnológicos haciendo las guerras financieras o reales más mortíferas capaces de matar a cientos de miles de miles de personas con la eficiencia de un simple botón que expulsa a control remoto exterminadoras bombas similares a las caídas sobre Hiroshima y Nagasaki en cuestión de minutos. Es de una eficiencia aterradoramente devastadora. Donde no existe remordimiento de conciencia pues se mata y se destruye a pueblos enteros por la virtualidad de las pantallas de ordenadores.
El siglo se cerró con la quiebra del sistema democrático y del capitalismo después del pírrico triunfo de éstas sobre el totalitarismo comunista. Dos sistema antagonistas enterrados en el mismo siglo y por la misma causa: la corrupción de los valores humanos. Una fue la revolución de los pobres y la otra la revolución de los ricos. Ambos fracasaron en dar felicidad, riqueza y honestidad al mundo. ¿Será el siglo XXI la revolución de la clase media, la que violente el cambio político e imponga un nuevo orden social y económico?
Este nuevo siglo arrancó nueve años después de su comienzo oficial y se nos perfila aparentemente igual que el pasado, aunque hay un rayo de luz esperanzador en la naciente conquista del espacio sideral por el hombre.
Etiquetas: Crisis
domingo 8 de marzo de 2009
miércoles 4 de marzo de 2009
Cultura visual
Visual Culture
La semana pasada, realmente la antepasada pues era un sábado, cogí carretera rumbo a Suiza, a Ginebra propiamente. Llevaba la ilusión de una visita muy especial. Mas desde Madrid a Ginebra hay más de 1.300 kilómetros de distancia. Salí tarde ese día y la vía me llevó por Barcelona y cruzar la frontera de España por Girona y llegarle a Francia por Perpiñán. Fue por esta carretera, que pasa ineluctablemente por Aragón, donde visualicé el Meridiano de Greenwich, y que en mi retorno logré captar fotográficamente. Continué la carretera a pasos menos veloz que de antaño. Recordé que con el paso del tiempo muchas cosas se aceleran (la sensación del tiempo mismo), la banda de conexión de la Internet, la voz telefónica, las noticias, los trenes, la indigestiva comida basura, los amores, otras por la mano férrea de autoridades con exceso de tiempo en sus manos, te obligan a recortar velocidad. El viaje en coche es uno de estos anatemas contemporáneos. Hace unos 10 años se podía viajar por carretera a velocidades de 160 kph o más sin preocupación de ser multados. La tecnología y la avaricia y el afán de legislar por legislar, introdujo novedosos sistemas de aparatos de radares que son, unos de manera automática y furtiva, vigilantes día y noche de posible infractores, que expeditan boletas de infracciones a ritmo industrial, y otros son juguetes de policías sin oficio, apostados en carreteras cazando a chóferes que ruedan por carreteras casi desérticas con el ánimo de imponer su autoridad que no ejercen ni en sus casas ni con sus compañeros policías.
En este largo, más bello viaje, por carretera me permitió divagar sobre la economía y el estado de salud de nuestro mundo. El reloj del tanque de gasolina de mi coche a medida que recorría las autopistas y conjuntamente con el ordenador del coche me indicaba con certeza cuántos kilómetros más requería antes de repostar. En cada reposte pensaba en la contaminación (y el excesivo esfuerzo de mi billetera) de este combustible y mi desafortunado aporte a esta gangrena mundial. Mi pensamiento divagaba sobre la posibilidad de coches eléctricos que vayan cargando sus baterías por sí mismas o por paneles solares, consumiendo una ilimitada energía limpia y renovable. Entre España y Francia empezaba a ver el futuro de una energía limpia. Por doquier se ven parques de molinos de viento que producen millones de millones de kilovatios de electricidad eólica.
Estos molinos de viento son ahora parte esencial del panorama visual de los campos franceses y españoles. No todo el mundo está amablemente convencido de las bondades de estos gigantes molinos aparcados en desérticos campos y en montañas lejanas. Ahora se aprecia una conflictiva discusión sobre el tema de la contaminación visual de la naturaleza y de la contaminación sonora de las aspas de estos hacedores de energía renovable y limpia. Es indudable que la naturaleza se modifica visualmente con esta intromisión de la tecnología y que muchos paisajes dejan de ser los mismos que de antaño. Pero lo mismo ocurrió con las antenas de televisión y con las antenas parabólicas. Lo mismo había ocurrido con la aparición de los coches y sus autopistas construidas a través de montañas que modifican la naturaleza permanentemente. Ahora son parte de nuestra cultura visual y sonora. ¿Lo serán los molinos de viento?
Etiquetas: Cultura visual, Modifican la naturaleza
viernes 27 de febrero de 2009
Cero: Meridiano de Greenwich
Zero: Greenwich Meridian Line
Longitud cero. ¿Qué es longitud cero? El concepto del cero (no como guarismo), de la nada, de lo no existente, ¿cómo entender este concepto? ¿Para comprenderlo hay qué crearlo? ¿Si se crea, deja entonces de ser cero y la nada es ahora un ente, es decir, un no-nada? Borges mencionaba que el hecho de contar modificaba la estadística. ¿Se aplica esto al cero? Si se numera, donde no hay nada, se comienza por el cero, pero el hecho de numerar cero, hemos creado algo donde no hay nada, por tanto la nada deja la inexistencia, ¿y si la nada deja lo etéreo de la inexistencia, la nada deja de ser nada a pesar de seguir siendo cero?
El Meridiano de Greenwich me evocó ayer todas estas paradojas conceptuales. Mientras conducía por la carretera de Aragón me topé ayer con la línea imaginaria de este meridiano. Es aquí donde comienza a medirse la hora mundial. Entendamos que es una línea en forma de semicircunferencia que va de Polo a Polo pasando por la ciudad de Greenwich en Inglaterra. Esta línea imaginaria divide el globo terraqueo en 15º y es a partir de estas líneas que se conforman los diferentes husos horarios. Es en el Meridiano de Greenwich o también meridiano cero o longitud cero que comienza el tiempo a medirse. De aquí parte la hora cero (interesante concepto: cero es nada: ¿entonces no existe el tiempo en ese instante momento? ¿Es la inexistencia del tiempo -o el tiempo que no se acaba- el infinito?) y a medida que se avanza en los meridianos, ya sea del Este al Oeste, se agrega o se quita una medida de tiempo.
Este tiempo se medía recientemente por el movimiento del Sol y de la estrellas, y por ello se llamaba GMT. Ahora este concepto ha sido descartado y el paso del tiempo se mide con relojes atómicos diseminados por el mundo que establecen la hora 00:00 con referencia al Meridiano de Greenwich. Llamándose la hora UTC (Tiempo Universal Coordinado). Aún sabiendo algo más sobre la medida del tiempo todavía conceptualmente sigo sin comprender con exactitud el concepto de la nada, del cero. A la hora precisa de 00:00 el tiempo es inexistente según la cifra; pero si así fuese, ¿percibimos cada vez que el tiempo llega a 00:00 y cambia a 00:01 un singular e ínfimo y continuo Big Bang?
Me detuve justamente unos doscientos metros antes de esta línea imaginaria construida visualmente en forma de un aro de luz para demarcar su existencia conceptual de manera palpable. Allí con peligrosa paciencia coloqué mi cámara sobre el espejo retrovisor mientras sacaba mi cabeza para mirar por la mirilla de mi cámara fotográfica y mis brazos los reposaba sobre la puerta de mi coche al momento que colocaba sobre el disparador de mi cámara mi dedo índice derecho para disparar no sin sufrir el agobio del fuerte viento que sentía plegarse sobre mi cara y del codo izquierdo al rozarme el sentimiento de peligro por el paso de monstruosos camiones con trepidantes sonidos agobiantes a escasos cinco metros donde aparcaba; para capturar la nada: el cero.
Etiquetas: infinito
viernes 20 de febrero de 2009
domingo 15 de febrero de 2009
El árbol de Aranjuez
The Tree from Aranjuez
¡O majestuoso árbol de Aranjuez!
Te arroparé con mis verdosos ojos y me cubriré con tus frutos y tu esbelto tronco.
Hazme sentir el calor de tu desnudez.
Te ofrezco la calidez de mi raíz.
Ofréceme el corazón caliente de lo más profundo de tu interior.
Te sentaré en el banco de la esperanza y esperaré con inquietud el gemido de tu amor.
Quiéreme como yo te quiero. Deséame como yo te deseo.
Y nos sentaremos bajo el manto del cielo azul.
¡O majestuoso árbol de Aranjuez!






















