lunes, 19 de mayo de 2008

Un sábado rumbo al norte

Poligono Industrial de Villalmanzo, España

North on Saturday

Cierta mañana en camino hacia el norte mientras garuaba iba despreocupado del volante y paseaba mi vista y mi pensamiento por el desvarío del panorama de un desértico paisaje. No muy lejos interrumpe mi paseo el pinchazo derecho delantero de mi neumático. La novedad de mis cauchos modernos me permite seguir rodando kilómetros. La autovía me señala la salida hacia un polígono industrial y al fondo de la carretera había una valla que publicitaba la solución a mi problema. Neumáticos Paco, en grandes letras azules, que hacía reminiscencia a los letreros de Ed Ruscha, resaltaba con claridad y completaba la publicidad las fotografías de varias marcas de gomas: Bridgestone, Kleber, Michelin y Pirelli.

Tomé la salida con precaución, y para evitar girar equivocadamente, mantuve mi vista hacia la valla que me indicaba que vía tomar. Muy claramente decía a la izquierda y recto por tres kilómetros más. Fueron tres kilómetros y 200 metros. Nada había alrededor excepto un desolado y feo polígono industrial. Me adentré por su única calle y todos los galpones estaban vacíos de gente. Al final di con el rotulo: Neumáticos Paco. Seguí rodando serenamente y con cierto alivio vi gente en el interior del lugar. Metí el coche dentro del galpón y allí escuche el terrible silbido del desinfle de la cámara.

Tres hombres se arrimaron a mi automóvil y, luego de observar y tocar el neumático, concluyeron sabiamente que requería ser reemplazado por uno nuevo. Lara empezaba a sentir desasosiego. Insistía en francés (para evitar ser entendida por los demás) en la necesidad de irnos de inmediato. La escuchaba y a la misma vez le imploraba en francés de la importancia de mantener la quietud. Nada podíamos hacer. Estábamos atrapado en un lugar hacia el Norte. Le dije que solamente la serenidad de la frialdad de la compostura nos permitirá sortear este incidente. Uno de los tres hombres se apostó a la puerta de salida del almacén y miraba inquietamente de un lado a otro. De cuando en cuando veía hacia el interior del depósito y hacía señas a uno de los hombres. Uno de ellos se adentró al fondo de la nave donde había un despacho cual lograba verlo mientras aparentemente mantenía una conversación telefónica. El otro se mantuvo en todo momento militarmente a nuestro lado.

Regresó el hombre que había ido a despacho y me dijo que no había localizado neumático alguno para mi coche. Que era un sábado en la mañana y que todas las grandes tiendas de cauchos estaban cerradas y que debíamos esperar hasta el lunes. Pero que había una posibilidad de comprar unas cubiertas de poca rodada. Le dije sin aparente apremio que aceptaba la oferta suya. Regresó nuevamente al despacho. El cielo mientras empezó a tronar. Lara seguía inquieta. Fumaba un cigarrillo tras otro. El hombre que se había apostado afuera seguía allí y se comunica con señas al otro que se mantanía de pie al lado de mi vehículo. Le pasé llave a las puertas del auto y me fui al despacho dejando encerrada a Lara dentro de él.

Allí negociamos (o más bien me impuso) el precio de los neumáticos y me dijo que debía irse al pueblo más cercano en busca de ellos. Me vendió un par pues me dijo que no lo vendían por unidad. Le pregunté el tiempo estimado de toda esta operación. Me dijo, (conLara escuchando) “no os preocupéis no será más de 30 minutos.” Paco cogió la furgoneta suya y salió en busca de los cauchos. Regresé a mi coche y observé que las dos ruedas delantera las habían quitado sin mi permiso y que mi camioneta reposaba sobre un gato. Lara se aferraba en el interior del automóvil y su expresión era claramente de desconfianza y de temor sin fin.

Me acerqué a quien había quitado las ruedas y le pregunté sobre el estado del otro neumático. Me dijo, en un español bastante chusma, que estaba bien, pero que había necesidad de cambiar los dos. Prudentemente no me opuse a su recomendación, que era la misma de Paco. Mientras conversaba con él su vista estaba dirigida hacia Lara y su compañero. En un momento impreciso, grita, “Sebastián no todavía no”. Veo a Sebastián ahora al lado de la puerta donde está Lara. Sebastián sale nuevamente afuera de la nave y le veo hacer una llamada por su móvil. Insiste e insiste no sé cuántas veces hasta que al finalmente parece conectarse con la persona que tanto ansiaba. Yo cojo del suelo un par de destornilladores. Uno se lo doy a Lara y el otro me lo guardo en la cintura. Pregunto a Santiago (su nombre estaba impreso en su camisa de trabajo), “¡hombre qué pasa!” Me ve con una mirada fija y de desconcierto a la misma vez. “Nada” me responde, “sigo esperando a Paco”. Oigo un ruido de motor y veo a una furgoneta con dos hombres a bordo. Sebastián se acerca a ellos y conversan a baja voz. Santiago deja de mirar a Lara y entabla también conversación con ellos.

Abro la puerta de mi camioneta y le doy la llave a Lara y le digo, “pásale el seguro a las puertas y aquí te dejo la llave”. Ella me ve con vista de terror. Le doy un beso y le acaricio su cara. Intento calmarla en vano. Desciendo del coche y me mantengo con cierta distancia (para no levantar suspicacias) de la furgoneta intentando oír la conversación dentro de la conmoción reinante. Uno de los ocupantes de la furgoneta se apea de ella y viene hacia mí y me pregunta, “¿qué modelo es?” Le espeto, “ es un RS6” , y me dice “ ¿debe ser un coche de mucha pasta?” Le digo, “oiga no tanto”, le explico que es un modelo viejo que lo había comprado de ocasión. Pensando que con eso alejaba sus malas intenciones hacia Lara; o en el menor de los casos, hacia mi billetera. Observo que ve a Lara con morbo. Sebastián se acerca y se aposta al lado de la puerta del pasajero delantero. Santiago viene a poca distancia con el otro ocupante de la furgoneta y ahora los cuatros rodean mi camioneta. “Santiago”, grito a voz normal y sin mostrar preocupación, “¿y Paco cuándo llega?”. “Pues de un momento a otro” y con una breve pausa suficiente para que se vean entre todos, me dice: “dígale a su mujer que se baje del coche pues requiero alinear correctamente la dirección.”

Meto mis manos por debajo de mi abrigo justamente en la parte trasera de mi cintura. Allí siento el mango frío del destornillador sin sacarlo de mi cintura. Uno de los ocupante de la furgoneta aferra con afán su vista al interior del auto. Santiago, Sebastián y el otro ocupante de la furgoneta se acercan a mí. Siento sus presencias tan cerca de mí que huelo sus alientos a alcohol barato y veo sus ojos con miradas perdidas. Justo en ese momento escucho un ruidoso sonido de motor de camión muy cerca de la nave. Era efectivamente un inmenso camión Mercedes Benz Actro. Pude leer la insignia del modelo mientras el sonido de sus frenos de aire indicaban su majestuosa llegada. Desciende de él su chófer. Él me ve y yo le veo. Sin necesidad de conversar más allá de hola, saca con suma precisión y rapidez de un compartimiento del camión, una enorme y pesada llave de torsión y, pide inteligentemente explicación sobre su uso a Sebastián.

En ese mismo momento llega Paco. Aparca su furgoneta y saca de ella los dos ansiados neumáticos. Instruye a Santiago que desmonte los cauchos de las llantas. Saco mi tarjeta de crédito y pago el coste de ellas. Le extiendo mi mano de gratitud al chófer del camión y ambos partimos. Veo por el retrovisor exterior, mientras reculo del galpón, a Santiago extender sigilosamente unos billetes doblados a los ocupantes de la furgoneta. Yo cojo rumbo al norte y el Mercedes Benz al sur.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Joder, chico, los «raros» en esta historia parecéis tu acompañante y tú.
Villalmanzo será un pueblo pequeño pero es muy acogedor, está situado en plena auntovía A1 apenas a 30 Km de Burgos y a menos de 3 de Lerma, no está precisamente perdido de la mano de Dios.

Es increíble pero hay gente de ciudad que parece que le falta «mundo», ¿dónde te has criado?, ¿en una burbuja? abre tu mente, chico, y no seas tan desconfiado. Lo de los destornilladores es de risa, espero que al menos los devolvieras antes de irte.

Por cierto, no creo que sus alientos olieran a alcohol barato, en Villalmanzo se hace un vino de excelente calidad, es más, el escudo de la villa porta una cepa que simboliza esa unión desde hace siglos con la cultura del vino, ah, y no creo que hablaran precisamente un español «bastante chusma», el monasterio de Santo Domingo de Silos está a unos kilómetros, el castellano se fraguó aquí, amigo, así que un poquito de respeto por esta tierra castellana.

Saludos de un cascajuelo

7/6/08 21:40  
Blogger Alejandro López de Haro said...

Amigo Cascajuelo:
No había sido mi finalidad cuando escribí este relato de desafinar las sensibles cuerdas de los cascajuelos. Quizás el destino hizo que un cascajuelo valorará mi inconfundible castellano al sentir el goce intimo de que mi fabulación se haya percibido tan real que su ficción misma se haya quedado atormentada por su misma ficción. Y sobre los destornilladores ya fueron devueltos a mi imaginación aunque quedarán plasmados para siempre en mi relato.
Recibe un fuerte abrazo de un incansable viajero que pretende inquietar el fondo del espejo de Lewis Carroll. ¡Salud! (Con un caldo de Villalmanzo...!claro está¡)

8/6/08 11:29  

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