jueves, 8 de enero de 2009

Capricornio

Observatorio de Jaipur, India

Capricorn

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viernes, 7 de marzo de 2008

Treinta y cinco años de espera


Taj Mahal
Todo viaje tiene su fin. El mío por la India fue en el Taj Mahal. Allí no será mi descanso. Ese lugar ya está ocupado por el amor de un hombre. Gente de todo el mundo se precipita a visitar el mayor mausoleo construido por la pasión de la locura de un amor. En mi caso fue para sentir y dilucidar la capacidad de añorar y de comprender los sentimientos por la ausencia de la persona amada. Lo que se es capaz de consumar para proclamar ante el mundo el amor tormentoso a una mujer.

Begum fue su favorita entre sus mujeres, de la cual, Sha Jahan, se impregnó de sus sudores y de su aliento cual recibió como los vientos frescos de una calurosa noche de verano, de sus jadeos que lo enloquecía de sordera y de su cólera hacía que él la poseyera con la fuerza de un guerrero emperador, su sensual e implacable movimiento de la pelvis lo mantenían atado a ella y sus turgentes pechos los besaba a medida que soltaba su éxtasis dentro de ella. Esto es lo que él recordaba cuando acometió tal inédita y exuberante obra.

Ninguna de sus otras mujeres le satisfacían con el mismo torrente sexual que Begum. Él no podía vivir con el tormento de deslizar sus manos en esbeltos cuerpos y de besar pezones frescos a su antojo, de sentir la humedad caliente que chorreaba mientras besaba el vaporoso volcán del sexo, de besar con fuerza y saborear tórridos labios carmesí, de sentir lenguas carnosas que le besaban lo más intimo de su ser, de sentirse poseído y de poseedor implacable, de disfrutar indistintamente de vírgenes y apasionados cuerpos de experiencia que se le ofrecía cada noche para su eterno placer. Su pasión aún no estaba libre de la pasión de Begum.

Cada mujer que poseía y que desgarraba con la fuerza de su imperio mogol no era suficiente al recuerdo de su siempre amada Muntaz Majal. Para ello hizo edificar la joya de la India donde yace la única amante que había conquistado su corazón. Solo así sabía podía liberarse de tan enloquecida pasión al juntarse nuevamente con el cuerpo de ella. Ella tuvo que esperar por treinta y cinco años años para recibirlo nuevamente. Para él era una eternidad. Pues no olvidaba que su perturbador y sincero amor había matado a su amada mujer.

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lunes, 3 de marzo de 2008

El laberinto de la biblioteca de Babel

El origen del mundo

Finalmente y luego de haber recorrido unos dos mil kilómetros por carretera he llegado muy tarde al atardecer de Pushkar: ciudad santa del templo de Brahma. El camino recorrido para llegar a este místico lugar había estado plagado de encuentros con santones y sacerdotes, místicos y ascetas. La carretera había sido una imposibilidad debido al alud de las multitudes que ralentizaba la velocidad del coche en el cual viajaba. Estaba a las puertas del pueblo y aún sentía todavía saltar mi cuerpo con el tumbo del coche. Mi chofer con habilidad de mariposa sorteaba huecos y desperdicios que yacían sobre el camino que me conducía a un mundo impenetrable.

El hotel de lejos se erigía con lozanía sobre este pequeño pueblo y sentía ya el descanso de saber que pronto estaría bajo la ducha y sobre la cama. No hube imaginado que mi desmedida esperanza iba a encontrarse con una habitación tan fría que hube de dormir vestido y, con un cuarto de baños tan inexacto, que me retraía a los recuerdos leídos de un siglo anterior al de mi nacimiento. La regadera vertía agua por doquier pues ella no estaba contenida ni por una cortina ni por una bañera, y el escusado, que estaba excesivamente mojado por el agua de la ducha, no venía con el complemento del papel higiénico, sino con más agua de un incipiente grifo que surgía de la gruesa pared del baño que con sus palanganas de plástico servía para la limpieza escatológica, pues es costumbre de los indios asearse después de sus necesidades de esta manera.

Era escasamente las seis de la mañana cuando me desperté lleno de emoción. Miré por el balcón y veía una bruma que envolvía la montaña y la planicie de este mágico lugar. Salí por la puerta y me encontré a un enjambre de micos que erguidos tenían casi mi altura. El pavor me colmó mis entrañas. Caminé con delicadeza hacia la escalera del lobby. Allí me sentí aliviado. Había sentido lo que sentí en el film Los pájaros cuando al final de filme el protagonista caminaba entre los miles de miles de pájaros que colmaban el sendero y los cielos de Hitchcock. Era el temor de la calma perdida.

El recorrido entre el hotel y el Templo de Brahma eran escasamente diez minutos. Durante mi visita al templo mis pensamientos no tenían sino una sola dirección: llegar al sitio donde se creó el mundo. Allí donde Brama creador del mundo surgió del mundo de los sueños. Finalmente había llegado y solamente se me permitió desde lejos observar el lugar preciso de tan vasto acontecimiento. No era creyente y por tanto a los infieles se les vetaba regocijarse de cerca de tal vista. No por eso me impidió plasmar furtivamente el lugar preciso del despertar del sueño. O eso es el cuento de los cuentos. El laberinto de la biblioteca de Babel.

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miércoles, 27 de febrero de 2008

En el horizonte de Brahma

Desde el Templo de Brahma

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domingo, 24 de febrero de 2008

El olvido de Dios (II)

En el templo de Brahma

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viernes, 22 de febrero de 2008

El olvido de Dios

Pushkar

Convivir en un país donde la pobreza absoluta abunda como racimos de uvas de la Alavesa resulta ser una pesadilla para aquellos agraciados con la sensibilidad de la empatía humana. Yo, quien fui un visitante de paso por la incomprensible India, y que miraba por doquier sin esconder el embarazoso objetivo de mi cámara, que apuntaba sin cesar a objetos y personas mientras recogía la avalancha de imágenes no antes vistas por mí, y, a la misma vez intentaba descifrar el contenido de las mismas, no pude divorciarme de mis sentimientos de culpabilidad que sentí como viajero fugaz, que recoge souvenires para mostrarlos luego como prueba del viaje realizado.

¡Qué tremebundo! Mostrar imágenes de la miseria permanente. ¿Cómo es posible que yo quien creció en un país donde vi acrecentar la pobreza -sin percibirla con claridad en su tiempo- y que conviví muy cerca de ella, y cual la ignoraba a diario, hasta un día que amaneció ante mí lo imposible de ocultar, pueda ser sensible todavía por tal condición humana? Es eso mismo, y más, lo que siento: piedad y tristeza. No siento repulsión (como muchos) ni la aparto de mis pensamientos. Quiero enfrentarla y verla con minuciosidad. Quiero con esto sentir el alivio y no la responsabilidad de tal condición infrahumana. Quizás con esto agote mi pesadilla de la pesadumbre de ver tanta inhumanidad. Porque sueños hay muchos.

Responsabilizo de tal situación inhumana –el pauperismo- a los más poderosos que se enriquecen de la ignorancia de los demás, al someter a una moderna esclavitud a los trabajadores, que no pueden liberarse de sus míseros sueldos. A los políticos de los países desarrollados –como en mi querida España con sus jóvenes políticos neofranquistas que optan por el poder y que reviven espejismos de xenofobia en una población ávida de un pasado medioevo- que con su discurso populista culpabilizan a los emigrantes de contaminar sus países con su leprosa pobreza. Asumo la miseria de la pobreza como la vergüenza de la injusticia del hombre y del olvido de Dios.

Lo incomprensible para mí es que los más pobres sean aún creyentes fervorosos y que expíen sus pecados de la pobreza inclinándose ante el Dios o dioses de sus creencias. El fervor de los creyentes del hinduismo fue finalmente comprensible por mí al despejar el opaco tamiz de ésta antiquísima religión que aún conserva dioses y avatares que los remontan a semejanzas con la mitología griega. Entendí que sus dioses y su dios creador no es el mismo del mundo occidental y del mundo islámico con su monoteísmo. Ellos creen que la vida es un castigo –una apariencia- que conlleva inevitablemente a la liberación de ella y a la misma vez se es una manifestación de Dios. Quizás esto explique la sumisión a la pobreza en un país como la India.

Y mientras tanto sigo sin comprender la insólita fe religiosa de nuestros pobres en Occidente y en el mundo islámico: capaz de vejar a otros en sus propias tierras con sus poderosos ejércitos invasores expoliadores de riquezas y, por otro lado, los invadidos, capaces de inmolarse por Alá. Nuestro mundo de un único Dios es el mundo de lo real (y de la violencia) y el mundo del hinduismo es el mundo de lo incierto (del sueño). Aquí yace la incongruencia entre dos concepciones del mundo.

Y mientras sigo en camino al centro del origen del mundo.

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miércoles, 20 de febrero de 2008

Habitaciones con aire acondicionado

En carretera al origen del mundo

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lunes, 18 de febrero de 2008

Washington’s Birthday

En un lugar en el mundo fuera de EE UU

Samuel Johnson dijo: “el patriotismo es el último refugio de los canallas” y, Schopenhauer no muy diferentemente, se expresó más tarde de este arrogante mal (que el siglo XXI ha revivido con vehemencia en manos de los estadounidenses y de sus líderes) de esta manera: “el patriotismo es la voluntad de matar y morir por razones triviales”.

Bajo el amparo del patriotismo se moviliza ejércitos de desalmados que avasallan con sus poderosas e inagotables armas a pueblos enteros. El 11 de septiembre de 2001 fue el gatillo que sirvió para renacer en manos de corruptos gobernantes estadounidenses el alma latente del cáncer del patriotismo. Esto sirvió para borrar la responsabilidad de su presidente en proteger la frontera de su país al permitir por su incapacidad o por su negligencia tan devastador acto de terrorismo en suelo propio.

Bajo el yugo de la bandera levantó absolutamente a todo un simplista pueblo en torno a la idea del odio y de la revancha dirigido hacia el inocente pueblo afgano e iraquí y, más allá de este abismal panorama, cultivó la primigenia de los resentimientos religiosos. Estos invadidos pueblos han sido inhumanamente vejados y expoliados de su riqueza cultural y económica bajo el patriotismo de una bandera.

Queda entonces como tarea pendiente el renacer de un pueblo que esté dispuesto a desechar su nesciencia y exigir castigo para su presidente y colaboradores más cercanos. Además resta pedir perdón ante el mundo por Guantánamo y por Bagram, por Abu Ghraib y por sus innumerables centros clandestinos de detención y de tortura esparcidos por el planeta. Solo así su bandera podrá flamear nuevamente sin vergüenza ante el mundo.

Mientras ella yace hoy en el mundo al contrasentido como alegoría a un George Washington que en su día arengaría nuevamente a su pueblo por una nueva Independencia para liberarse de las férulas de estos medievales líderes. Pues hoy no se celebra en los EE UU el "Día de los presidentes" (Presidents’ Day) sino el "Cumpleaños de Washington" (Washington’s Birthday) que no es lo mismo. Pues lo contrario sería una afronta a la humanidad.

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sábado, 16 de febrero de 2008

Autorretrato, espejos y reflejos (nota final)


“Espejos de metal, enmascarado espejo de caoba que en la bruma de su rojo crepúsculo disfuma ese rostro que mira y es mirado,…” J.L. Borges

La seducción del reflejo del Yo ante un fondo de cristal, cual uno logra verse a la inversa como los demás lo ven a uno, creando un espejismo de uno mismo o la ilusión del otro Yo, es devastador. ¿Quién es uno? ¿Soy yo quién se refleja efímeramente en el fondo del espejo? ¿Es la imagen que veo y que me ve reconocible para mí cómo mi propio interior? ¿Es reconciliable los sentimientos sobre uno mismo con la imagen que se refleja ante nuestros ojos?

Todas estas preguntas, irremediablemente sin respuestas ciertas, acrecientan las incógnitas, al devolverse nuestro ilusivo Yo ante uno mismo de manera inmediata como imagen intocable, inasible, esa es nuestra imagen reflejada ante un espejo. Está allí mientras permanecemos enfrente de él. No ocupa espacio alguno y lo ocupa todo. Desaparece nuestra imagen ante uno mismo al movernos o darle la espalda, mas, se mantiene en ella y puédase ser visto por uno mismo al multiplicar los espejos que conjugan nuestra imagen, reflejándonos nuestra réplica ante el infinito espacio.

La fotografía con su entrometido instrumento, capaz de plasmar la imagen del Yo reflejada ante la impenetrable lámina, nos permite vernos y descifrarnos al igual que la Alicia de Lewis Carrol que usó el espejo para leer el poema invertido Jabberwocky. ¿Pero es posible leernos con comprensión ante el retrato de uno reflejado ante un espejo y reproducido en fotografía?

Me pregunto si soy más real, menos soñado, al verme ante mí mismo, salido del Yo, viéndome en el Otro, ese otro que no soy menos que yo sino la confluencia de taciturnos encuentros y de sueños imparables. Este maravilloso encuentro con lo efímero, lo insustancial, lo vaporoso, el cristal de la cámara lo atrapa en la permanencia de la delusión del tiempo burlándose del sueño del espejo. Y con ello pretendo acariciar la perplejidad de la eternidad.

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lunes, 11 de febrero de 2008

Autorretrato, espejos y reflejos (IV)

Pushkar, India

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viernes, 8 de febrero de 2008

Autorretrato, espejos y reflejos (III)

Jaisalmer, India

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jueves, 7 de febrero de 2008

Autorretrato, espejos y reflejos (II)

En el desierto de Thar

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miércoles, 6 de febrero de 2008

Autorretrato, espejos y reflejos

Jodhpur, India

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lunes, 4 de febrero de 2008

Manta mágica



No sé si a todos los hombres se nos aflora el deseo sexual al leer "Aforismos de amor" de Vatsyayana o cuando vemos sus eróticos dibujos. Tengo en mis manos el libro en español titulado Kama Sutra, como suele titularse también "Aforismos de amor". Los dibujos de Rama Kishan plasmados en este libro son de tal densidad erótica que al verlos y recrearlos en la imaginación son afrodisíacos naturales. Me pregunto si la mujer percibe el erotismo de la misma manera que el hombre.

¿Siente la mujer deseo sexual al ver una escena donde la mujer coge en su mano un falo erecto? ¿Se estimula su deseo sexual al ver los dedos de un hombre masajeando y penetrando con ellos la parte más íntima de la mujer? ¿Se excita su pensamiento sexual con la desnudez de un cuerpo masculino o femenino? ¿Le surge excitación sexual con imágenes sexuales explicitas? ¿O más bien su deseo libidinoso proviene de imágenes románticas idealizadas?

Hasta muy recientemente el hecho de llegar el hombre a su edad madura estaba asociada a una relajación del apetito sexual. Implicaba que sus deseos y sesiones sexuales disminuían y se acortaban en su duración. La mujer como el hombre también sufre de esto pero siendo su inapetencia aún más pronunciada. La menopausia que debiera ser un acto de liberación sexual de la mujer, pues la libera del acto de la concepción, permitiéndole en principio disfrutar a su plenitud del acto sexual, realmente se convierte en cómplice de su aburrimiento sexual.

Hace 10 años el fulgor sexual del hombre fue potenciado con la magia de la química al ponerse a la venta el Viagra. Este fármaco ha sido el acompañante afrodisíaco para los hombres de todas la edades. La mujer había sido castigada, hasta hace muy poco, de disfrutar con fruición del gozo sexual desinhibido desde el arribo de su menopausia. Ahora con la misma magia farmacéutica llega Intrinsa que recobraría quizás el apetito sexual de la mujer en su climaterio para equipararla al hombre maduro.

Entre el Kama Sutra y templos eróticos, pastillas e imágenes sicalípticas, la apetencia sexual se logrará quizas mantener más allá de las fronteras de las edades; permitiendo a la mujer y al hombre conjugar sus deseos sexuales y disfrutar desinhibidamente del erotismo. La India es un lugar especialmente sensible a estos juegos del amor. Y nada como una manta mágica y la imaginación.

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sábado, 2 de febrero de 2008

Al descubierto

Bikaner, India

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miércoles, 30 de enero de 2008

Extraña coincidencia



Los días me pasan sin haber llevado una cuenta exacta de éstos y me adentro aún más hacia el oeste de este desierto deslumbrante en emociones y luz que he estado recorriendo desde mi salida de Delhi. Creo discernir de la radio un idioma diferente al de la India. La música que sale de ella se ha vuelto melancólica y el locutor suena agitado. Me vuelco sobre mi mapa y me ubico con dificultad. Estoy escasamente a unos 50 kilómetros de la frontera con el Pakistán.

A pesar de percibir un ambiguo ambiente continúo con el afán de descifrar el complejo contenido religioso de este vasto país. El minibús que había contratado me servía de ventana panorámica para ver a esta India incomprensible. Me encontraba por primera vez (y que iba a ser la última) por una carretera de escasa población que los templos privados se mostraban en abundancia cubriendo el vacío de los templos públicos. Iba camino al templo de Deshnoke. Prefiguraba equívocamente lo que iba a ver mas no prefiguraba el misterio de lo incompresible con que me iba a encontrar: el enigma de Karni Mata y de las coincidencias.

Karniji o Karni Mata (otra de las complejidades del hinduismo) es la encarnación de la diosa Durga cual castigó al dios de los muertos, Yama, al privarle de nuevas almas (de la casta de los trovadores por no haberle concedido su deseo de resucitar un alma de esta casta) reencarnándolas en ratas. En mi divagación sobre estas complejidades de dioses -pues Durga es también la diosa Parvati-, de reencarnaciones y de resucitaciones y de encarnaciones, de muertes y de almas errantes, de cielos y de infiernos, le pregunté a mi guía sobre el contenido de la radiodifusión. “Benazir Bhutto había sido asesinada”, me dijo con cierto tono de desconcierto, hacía escasos minutos. “¡Qué extraña coincidencia de factores!”, me dije a mí mismo. Solo a 50 kilómetros está Yama.

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lunes, 28 de enero de 2008

Báscula (IV)

Bikaner, Rajastán

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viernes, 25 de enero de 2008

El poder de la báscula (III)




La India es un gran bazar. Nada para reconocer que tal que observar la profusión de básculas en sus tiendas. Mil y una cosas se venden por peso; desde víveres a cosméticos y, sin olvidar, el oro y la plata, en forma de joyas, refugio de la riqueza de las mujeres de las castas más bajas. Las transacciones comerciales diarias del pueblo están relacionadas con la actividad de pesar. En las tiendas y en la buhonería el comprar arroz, harina, lechugas, garbanzos, clavos, cadenas, caramelos, especias, nueces, polvo de bermejo, un sinfín de objetos se someten a básculas de incierta precisión.

Durante mi recorrido por algunos esparcidos caseríos del desierto de Thar, y, más precisamente por la aldea de Alsisar, presté especial atención al raudal de básculas de variados tamaños y tecnologías con pesas a simple vista de dudoso peso. Aún así observé que las actividades de comprar y vender se realizaban con poca discrepancias al no escuchar mucha algarabía ni ver gestos que demostraran rechazo entre las partes. ¿Será esto una demostración de ingenuidad o es una muestra de honestidad? Una vez más la dificultad de comprender para el no indio la impenetrable cultura india muéstrasenos en la sencillez del poder de la báscula.

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jueves, 24 de enero de 2008

Báscula (II)

Caserío del desierto de Thar

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miércoles, 23 de enero de 2008

Báscula (I)

En una tienda de una aldea del desierto de Thar

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